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Madres helicóptero, familias sobreprotectoras, hiperpaternidad, hipercontroladoras, hipervigilantes y otro sinfín de apelativos han surgido en los últimos años para la atención excesiva que damos a nuestra prole. Hoy quiero analizar este fenómeno que sirve para llenar los bolsillos de algunas periodistas de pro, un par de pediatras sobrevalorados y mucho ego, sobre todo ego.

 

Es tan simple escribir sobre malcriar y quedarte a gusto. La sobreprotección es el populismo de la crianza. Y es que cuando hablamos de crianza es imposible hacerlo bien. Literalmente. Jamás vas a criar a gusto de todo el mundo. Existen críticas para cualquier cosa que hagas: que le das biberón pues lo haces fatal porque no estás nutriendo el sistema inmunológico de tu bebé, que le das teta pues lo haces fatal porque así el papá o el resto de la familia no se puede implicar en la alimentación del bebé. Que haces colecho pues fatal porque lo puedes aplastar, que no haces colecho pues horrible porque así el bebé se siente indefenso. Que le llevas a la guardería pues fatal porque así va a estar enfermo y padecer todas las enfermedades habidas y por haber, que no pues terrible porque así no socializa tu bebé.

 

Y así ad infinitum…

 

El problema es que no hay UN método, ni UN manual de instrucciones. Hay multitud precisamente porque las familias somos muy diversas. No existimos dos iguales y por eso lo que nos va bien a unas, no nos funciona a otras. Y viceversa.

 

Entonces, ¿qué es sobreproteger?

 

Pues tampoco hay consenso en esto, porque lo que para unas familias es lo correcto para otras es sobreprotección. Y lo que para algunas es lo correcto para otras es negligencia o incluso abandono. Por lo que cada vez que leo un artículo (siempre bien intencionado por supuesto) acabo pensando que vaya pérdida de tiempo porque todos se basan en su opinión, en su parecer o en su experiencia. Pero si algo tienen en común todos y cada uno de ellos es de carecer de rigor científico y/o pedagógico.

 

Así que, como no quiero caer en el mismo saco voy a explicar brevemente, qué acciones pueden considerarse sobreprotección y qué acciones pueden considerarse negligencia pero desde la visión de quienes han estudiado la infancia y su desarrollo.

 

Voy a comenzar por uno de mis referentes pedagógicos Johann Heinrich Pestalozzi, un maestro suizo que hacia finales del siglo XVIII, esto es 1797 poco después de la revolución francesa, comenzó a abrir escuelas e institutos de aprendizaje para que el pueblo llano dejase de ser una masa acrítica e ignorante. Pestalozzi indicó que solo la educación podía realizarse conforme a una ley (armonía con la Naturaleza). De este principio se deriva la necesidad de libertad en la educación, es decir que niños y niñas estén libres, para que puedan actuar a su modo en contacto con todo lo que le rodea (ambiente)

  • Educación elemental: Debía partirse de la observación de las experiencias, intereses y actividades educativas; de no enseñar nada que los niños no pudiesen ver (idea tomada de Rousseau) y consideró que la finalidad principal de la enseñanza no consistía en hacer que el niño adquiera conocimientos y aptitudes, sino en desarrollar las fuerzas de su inteligencia, dividiendo aquella en forma gradual, de acuerdo a su evolución y donde se tomara en cuenta al individuo como una unidad de inteligencia, sentimiento y moralidad. Sostenía que cualquier irregularidad en estas características, conlleva a la nulidad de una educación integral.
  • Educación física: Incluyó también la educación física como medio de fortaleza y resistencia corporal, cerrando así el ciclo de una educación integral, que iba desde lo más intelectual a lo estrictamente físico.

Así que para Pestalozzi mantener a niños y niñas sentados durante horas es sobreprotección. Explicarles cosas o conceptos que carecen de interés para ellos es sobreprotección. Enseñarles únicamente conocimientos y contenidos: sobreprotección. Es decir, que la educación de niños y niñas debe ser un proceso integral, que atienda a sus intereses y motivaciones y que esté adaptada a sus características.

Más o menos a la par, en Bélgica, el médico y psiquiatra Ovide Decroly realizó nuemerosos experimentos neurológicos y psicológicos en los que su propuesta pedagógica se basaba en el respeto por el niño y su personalidad, se opuso a la disciplina rígida, apostando por crear un ambiente motivador con grupos heterogéneos basados en la globalización, la observación de la naturaleza y la escuela activa.

Ovide Decroly estudió las corrientes de la psicología contemporánea y siguió las directivas de Jean Piaget y la Escuela de Ginebra. Es importante destacar la estrecha relación que estableció entre globalización e interés al analizar las formas de la percepción infantil. El interés de los niños lo liga a las necesidades básicas:

1) necesidad de nutrirse,

2) necesidad de refugio,

3) necesidad de defenderse y protegerse,

4) necesidad de actuar, de trabajar solo o en grupo, de recrearse y mejorar.

Así que, para Decroly un ambiente en el que niños y niñas se sientan inseguros, aburridos o inactivos no es que sea un ambiente sobreprotector es que es un ambiente negligente. Es decir, que cuando una niña (o niño) no tiene cubiertas sus necesidades básicas no aprende y no mejora porque está inmersa en cubrir esas necesidades.

Y así llegamos a la famosa María Montessori que elaboró la pedagogía científica: partiendo de la observación y del método científico, elaboraba sus materiales y su filosofía. En 1907 se inauguró la primera Casa de Niños en Roma.

Se empezó creando el área de vida práctica (higiene y modales) devolviéndole la dignidad al niño. Los niños se concentraban y repetían el ejercicio, los juguetes no les atraían, eran para ratos de ocio.

Rechazaban los premios y los castigos, los niños obtenían la satisfacción de realizar solos su trabajo. Poco a poco los niños rebeldes se normalizaron, se volvieron amables, respetuosos, aprendían con interés y entusiasmo.

Eran 60 niños. En vez de imponerles reglas arbitrarias y llenarles la cabeza de datos, se les dejó libre su espíritu.

Cuando a los cuatro y cinco años aprendían a leer y escribir como un proceso natural, el mundo se conmocionó. Y se convirtió en un centro de investigación donde se desarrollaba al niño con dignidad, libertad e independencia. Tenían la libertad de ser activos y la responsabilidad de saber cómo usar esta libertad.

Por tanto, ayudar a un peque a atarse los zapatos es sobreprotección. Educar en base a premios y castigos es sobreprotección, ya que no estás permitiendo que desarrolle su moral en base a lo que el niño piensa que está bien o mal, sino que aprende a lograr el premio o evitar el castigo pero le estás impidiendo comprender el porqué de la norma. Cortarle la carne o las verduras es sobreprotección desde el mismo momento en que su motricidad fina le permite hacerlo por sí mismo y desarrollarse.

Poco más tarde, nos encontramos con una de mis pediatras favoritas, Emmi Pickler y el Instituto Pikler-Lóczy creado en 1961 para el cuidado de bebés y niños lactantes, tan revolucionario era su método de cuidado que tuvieron que despedir a todas las enfermeras y matronas y contratar a gente sin estudios ni formación médica. A lo largo de los años descubrieron que inmovilizar a niños y niñas, obligarles a comer, tratarles con rudeza e impedirles explorar el mundo eran contraproducentes para su desarrollo. Por tanto, la sobreprotección consiste en impedir el libre movimiento y la experimentación de su entorno.

Es decir, forzar adquirir una posición para la que no está preparado un bebé: es sobreprotección. Obligarle a comer: sobreprotección. Dejarle en un parquecito o taca-taca: sobreprotección. Obligarle a dejar el pañal cuando no está listo: sobreprotección. Impedirle trepar: sobreprotección. Ponerle ropa o calzado rígidos y que impidan su libre movimiento: sobreprotección.

Y todo esto abarca únicamente hasta mediados del siglo XX.

 

¿Qué es lo que pasa entonces en los siglos XX y XXI para que la sobreprotección cambie de significado?

 

¿La revolución digital? ¿La incorporación de la mujer al trabajo remunerado? ¿La guerra fría? Imagino que aún nos pilla muy cerca para averiguar las causas concretas. En cualquier caso a partir de los años 50 se populariza el uso del biberón, de las guarderías, de los taca-tacas y de los métodos de adiestramiento de las necesidades básicas de bebés, niñas y niños, conocidos como Método Ferber (aquí rebautizado como Método Stivill). Dichos métodos fueron estudiados por Harlow y Bowlby con experimentos realmente crueles que acabaron desarrollando la Teoría del Apego.

Y es aquí en dónde vemos que se entendía como sobreprotección, cuidar, amar y proteger a bebés y menores de 3 años si se les ofrecía un “exceso de cariño y/o atención”. Sin embargo, no existe tal concepto ni se ha demostrado científicamente que mostrar afecto, cariño o atención genere sobreprotección o impida el correcto desarrollo del ser humano. De hecho, es más bien al contrario.

Así que cuando una familia se preocupa porque su prole no alcanza determinado hito del desarrollo, no adquiere determinado aprendizaje, no muestra determinada habilidad, muestra dificultades de algún tipo o simplemente hace algo que resulta extraño. No está siendo sobreprotectora. No. Simplemente está ejerciendo su responsabilidad.

Cuando una familia que ha depositado su amor, su felicidad, sus recursos y su atención en su peque, por lo que sea, lo tiene que dejar al cuidado de terceras personas es absolutamente lícito y lógico que se informe y averigüe todo lo que pueda sobre esas personas, esos espacios y ambientes. Y no, no está siendo sobreprotectora, está siendo cauta. Lo que le toca.

Podría seguir hablando de los experimentos científicos del siglo XX y de las teorías del siglo XXI pero creo que es mejor dejarlo para otro día porque para mí el objetivo de este artículo queda sobradamente demostrado y las investigaciones posteriores solo reafirman lo expuesto en este y lo que realmente significa sobreprotección.

En palabras de María Montessori: “Cualquier ayuda innecesaria es un obstáculo para el niño.  La actitud del educador ha de ser de amor y de respeto absoluto a su dignidad como ser humano. La mayor señal del éxito de un profesor es poder decir: «Ahora los niños trabajan como si yo no existiera».

¿Qué opinas tú? ¿Sobreprotección o negligencia?

Para saber más:

  • École publique Decroly de Saint-Mandé. 1988. Plaisir d’école. Decroly, une différence pédagogique
  • Emmi Pikler. Moverse en libertad: desarrollo de la motricidad global. Madrid, Ed. Narcea, 2000.
  • Mario Marrone. La teoría del apego: Un enfoque actual. 2009. Psimatica.
  • María Montessori. La mente absorvente del niño. 2001. Pearson
  • Heinrich Pestalozzi. Mi investigación sobre el curso de la naturaleza en el desarrollo del género humano. 1797.

 

 

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¿Sobreprotección o negligencia?