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Pues no. Podemos estar en calma pero en realidad no se trata de una emoción.

¿Qué es entonces?

Pues yo diría que es un estado de equilibrio, de equilibrio emocional.

Esto significa que las emociones que sentimos están apaciguadas o equilibradas entre sí. No existe una que destaque sobre otra.

Esto no implica una ausencia de emociones.

No sentir nada, sentirse vacía, son estados muy diferentes.

En realidad son sentimientos que beben de emociones básicas como la tristeza, el asco o el miedo. O incluso, pueden ser estados provocados por un bloqueo emocional. En cualquier caso, la calma no es una emoción.

La calma es un estado de “silencio” interior, es ese lugar al que volvemos después de una emoción intensa. Es un refugio.

En nuestro día a día, vivimos multitud de actividades que nos provocan todo tipo de emociones y sentimientos. Muchas las vivimos en el momento pero otras las acabamos “silenciando” y en algún momento resurgen. La calma nos permite transitarlas. Nos permite hacer este viaje emocional.

Es evidente que cada persona vive sus emociones de diferente manera e intensidad. Pero todas, sin excepción, necesitamos momentos de auténtico silencio emocional.

¿Cómo logramos este equilibrio?

En el mundo de la educación emocional he leído todo tipo de técnicas, métodos y dinámicas (y las que me faltan) para el control emocional, en realidad la palabra control nunca me ha parecido adecuada en este contexto, ya que, en realidad, no se trata de controlar las emociones, sino de ser capaces de gestionar las reacciones y/o comportamientos que las emociones provocan en nosotras mismas.

La emoción no es controlable. Sentimos lo que sentimos. Podemos dominar nuestras reacciones, nuestras conductas, incluso nuestros gestos pero las emociones harán su transición interna, liberarán las hormonas implicadas y nos harán sentir, sí o sí.

Casi podría aventurarme a decir que la calma consiste en un equilibrio hormonal.

Existen numerosos entrenamientos para alcanzar ese estado de paz. La humanidad ha dedicado mucho tiempo a reconocer este estado y ha inventado: la meditación, la oración, el yoga, el deporte, la música, la danza, el arte, la poesía, las técnicas de respiración profunda, la aromaterapia, la acupuntura, la fisioterapia, etc, etc y etc.

IMG_3503Diría que las técnicas de relajación y/o concentración son infinitas, y que las actividades para recuperar la calma también. Cualquier actividad que nos permita soltar tensión, que nos permita expresar nuestros sentimientos o emociones, que nos devuelva el silencio interior podría decirse que es una técnica de relajación.

No siempre hablamos de una actividad que nos guste, existen numerosas aficciones que nos llevan a estados emocionales diversos: alegría, miedo, enfado, asco o tristeza y que, sin embargo, nos gusta vivir esa experiencia.

La calma es ese estado que buscamos y que en muchas ocasiones, simplemente, necesitamos porque nuestra vida se ha convertido en una auténtica montaña rusa y parece que es imposible bajarse de ella. La buena noticia es que todas tenemos la capacidad para regresar a ella.

Busca tus actividades. Esas que paran el “ruido”, no existen sólo unas concretas. Tú sabes cuáles son las que te sirven a ti, la meditación no siempre es la mejor opción, no es la única opción. A lo mejor para ti la actividad más adecuada es la calceta, o ir a la piscina, o disfrutar de una ducha larga, o dar un paseo. Tú eres quien mejor sabe distinguir qué actividad te devuelve al equilibrio.

La calma no es una emoción

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