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Así termina el último artículo de Patricia Merino en Tribuna Feminista. Si tienes ocasión y te apetece puedes leerlo también. Existe ahora mismo un fuerte debate dentro de las corrientes feministas sobre el borrado de las mujeres y la teoría queer.

Es curioso como las cosas, sucesos y frases nos conectan unas a otras. El título de este artículo lo pensé hace meses. Durante décadas Sigmund Freud transmitió la idea de que las mujeres sentimos envidia de pene desde nuestro mismo nacimiento, el padre del psicoanálisis era asiduo a relacionar cualquier trauma con la actividad sexual. Hace años que ya está superado.

La psicología no es mi campo pero tengo conocimientos suficientes como para decir esto, más que nada porque tras Freud aparecieron muchas otras eminencias que han ido desenredando los misterios de la psique humana.

¿Sexo y género son lo mismo?

¿Por qué entonces hablar de envidia de útero?

Porque creo que resume bastante bien el origen de la opresión de las mujeres. Es la base sobre la que se construyen todas las violencias que sufrimos las mujeres. Me explico: el objetivo primordial del patriarcado es mantener el legado genético del patriarca. Es fácil identificar a la madre biológica de un bebé porque sale de sus entrañas. Sin embargo, nuestra sociedad fue buscando la manera de poder asegurar la descendencia del varón. Y encontró diferentes formas:

  • La monogamia.
  • El matrimonio.
  • La familia tradicional.
  • La herencia.

 

Pero, por si fuera poco encontró que a través de la violencia podía someter aún más a las mujeres y así: poseerlas. Como si fueramos otro objeto. La cosificación provoca distanciamiento emocional, elimina la empatía de la ecuación y así es más sencillo ejercer la violencia.

Existen violencias físicas, psicológicas y emocionales.

Violencias directas e indirectas.

Evidentes y sutiles.

Me impresiona que teniendo estos conceptos bastante claro, sigamos manteniendo muchos estereotipos que resultan tóxicos para las personas. Siempre he dicho que el machismo nos oprime a todas las personas, tanto hombres como mujeres. Aunque son las mujeres quienes sufren las violencias más duramente. ¿Y los hombres no?

Pues en general, no. Los hombres que sufren violencia habitualmente son los que se salen del estereotipo socialmente predominante y aceptado. Y es aquí en dónde nos encontramos con dos hechos relevantes: el machismo se sostiene sobre la presión de grupo que ejercen los iguales y sobre la vergüenza y culpabilización de las víctimas.

 

Querido Sigmund ya te lo explico yo: respeto, consideración, compromiso y un poquito de empatía. No era tan complicado, ¿alguna vez se te ocurrió preguntar a alguna? ¿Cómo vas a comprender a alguien que consideras inferior? Queremos un sistema que nos tenga en cuenta no que nos borre, humille, ningunee, obvie o violente.

¿A alguien le parece que lo que debemos hacer es quedarnos calladas e indefensas cuando se nos ataca? ¿Tú lo harías?

Defenderse es lo mínimo aunque por eso nos traten de: histéricas, locas, mandonas, emotivas, brujas… 

Pero a lo que iba, ¿por qué este debate sobre lo queer nos trae de cabeza?

 

Para empezar porque es una teoría basada en especulaciones, sentires y expectativas. No existe ningún tipo de evidencia que la respalde.

Para seguir porque postula que las opresiones se terminan si eliminamos de la ecuación los conceptos dejando de nombrarlos.

Y para terminar porque está empleando a un colectivo discriminado para mantener la opresión sobre un colectivo mayoritario.

¿Derechos individuales o colectivos?

Porque todo esto se está empleando para legislar. Para modificar los textos legales y las normas que rigen nuestra sociedad. Esas normas que están hechas para revertir las situaciones injustas. Las desigualdades. Para contrarrestar las violencias.

No es un debate de intelectuales.

Se trata de equilibrar la balanza.

De asumir que los estereotipos son moldes en los que no tenemos porqué encajar para ser felices. De que las violencias que se ejercen sobre las personas que se salen de la norma son las que necesitan la revisión y no los conceptos. De que tenemos unos límites impuestos por la biología, la física y/o la química pero que nuestra capacidad de expresión, de pensamiento y sentimiento va mucho más allá.

Por eso hablamos de abolición del género: ¿Acaso no se trata de eliminar esas barreras?¿Acaso no se trata de tener igualdad de oportunidades?¿Para qué crear innumerables roles de género?¿Para qué?

Es aquí dónde nos encontramos con otro gran problema en el debate de lo trans, que es la cantidad de personas que tras pasar la adolescencia se dan cuenta de que no es que fueran de otro género, sino que no eran capaces de asumir su homosexualidad y deciden detransicionar (esto lo podéis leer aquí, aquí y aquí). Son personas que han visto perjudicada su salud y que han asimilado un discurso que no les ha dejado experimentar, ni definir su sexualidad.

¿Crees que tienes capacidad individual para luchar contra la opresión?

¿Y que pasa con las personas trans?

¿Alguien se ha parado a escuchar todas las voces del colectivo? ¿O solo se escucha el discurso que interesa?

Personalmente creo que las personas deberíamos tener libertad y seguridad como para experimentar nuestra sexualidad y nuestra identidad. Recuerdo la primera vez que me plantee si la identidad sexual era una opción.

Es decir, ¿realmente puedes elegir si te atraen sexualmente los hombres, las mujeres o ambos?

 

No sé lo que opinan las teóricas queer. Lo que sí sé es que si se tratase de barreras mentales, seguramente las habría superado a los 20 años. Personalmente puedo admirar a cualquier persona independientemente de su sexo. También amarla. Tenerle cariño. Pero lo que es puro deseo sexual no.

Así que no seré yo la que me meta en las pulsiones sexuales de nadie porque creo firmemente en que no son controlables. Así que tampoco creo que se pueda decir que alguien discrimina a alguien porque no quiere mantener relaciones sexuales con una persona. De hecho, me parecería bastante violento porque una persona no elige quien le pone, o quien le despierta el deseo sexual. Es posible fingirlo pero sentirlo no creo.

Y es aquí en dónde las defensoras de la teoría queer se dedican a identificar cualquier comportamiento o argumento como transfóbico. Si usamos el término madre somos transfobas, si usamos tampones o copas menstruales somos transfobas, si decimos que las mujeres damos pecho o padecemos síndrome de ovarios poliquístico somos transfobas. Si decimos que el sexo es importante para recoger datos sobre las violencias que sufrimos las mujeres somos transfobas. Si pedimos una baja maternal superior también somos transfobas.

Y claro, servidora que nunca ha tenido problemas con el colectivo trans, ni con el colectivo LGBT, de pronto se encuentre en medio de un jardín porque como defiendo los derechos de la infancia, de las madres y de las embarazadas pues resulta que me identifican como transfoba. Pues lo siento mucho pero no.

 

Una madre es una madre me da igual lo que parezca por fuera.

Un útero es un útero y tiene capacidad para crear vida o no. Para menstruar o no.

Una ginecóloga sabe de úteros, de ovarios, de tetas y de hormonas femeninas. Con suerte sabe además de partos y postpartos.

Salirnos de lo binario no nos va a crear un mundo de derechos e igualdades a medida. Que un colectivo se defina de una manera no implica que todos los individuos que lo conforman sean iguales y se amolden perfectamente a esa definición.

Decir que tenemos prejuicios contra un colectivo porque simplemente estamos reivindicando derechos para mujeres, porque resulta que la biología se define de manera binaria, es cuanto menos perverso.

He escuchado y leído todo tipo de discursos que apelan a la empatía. Y me parece fenomenal, yo puedo empatizar perfectamente con una historia de opresión y sufrimiento pero hay historias que me parece que rozan el absurdo, escuchaba a una mujer trans increpar a otra porque le dijo que ella no podía tener la menstruación: “¿Quién te crees que eres para decir que yo no tengo la regla?”.

Y es que los argumentos en este debate se vuelven muy personales, muy agresivos… Se desvían rápidamente a ataques personales. Quien me conoce sabe que no soy amiga de las casillitas, ni los moldes, deseo que niños y niñas puedan ser lo que quieran, hacer lo que deseen, vivir sin barreras pero sobre todo: libres.

Libres de violencias.

Libres de acosos.

Libres de humillaciones.

Libres de insultos.

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