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El sentido de pertenencia es uno de los motores más poderosos para la modificación y/o consolidación del comportamiento humano. Es un sentimiento atávico que nos recuerda que somos animales gregarios, que necesitamos a la comunidad para sobrevivir.

De esto nos damos cuenta bien pronto, ya con 8 ó 9 meses nos entra la angustia por separación de nuestra figura de apego principal (que suele ser nuestra madre) y cada vez que desaparece lloramos con verdadera desesperación porque sin ella: morimos.

Y esto lo saben perfectamente los círculos de poder que nos manejan y someten a su antojo, creando y modificando nuestras vidas, nuestras formas de pensar, de hablar, de comprar y consumir (sobre todo consumir)

Esta en concreto no es una necesidad creada como vestir de determinada manera, poder estar siempre conectada a internet o poder comer fresas todo el año, no. Es una necesidad real y básica.

 

¿Por qué quiero hablarte del sentido de pertenencia?

Es tan poderoso el sentido de pertenencia que es un modulador del comportamiento social, vayas dónde vayas y vivas dónde vivas. Las conductas suelen darse de manera natural, y es el sentido de pertenencia el que va a regular las que son aceptables y las que no. Y tiene un poder enorme en este sentido.

Por eso, dentro de nuestra sociedad es de vital relevancia tener en el punto de mira las voces que tienen más capacidad de difusión, o las voces que tienen poder de sentar cátedra, esto es: medios de comunicación, representantes de cultos religiosos, expertas científicas y médicas, figuras de referencia todas ellas.

 

Toda persona a la que admires está, de alguna manera, regulando tus conductas.

 

Por eso quiero hablarte de el sentido de pertenencia. Porque es uno de los motores de tu vida. Y de la vida de tu familia.

Quiero que me acompañes en un breve análisis de cómo construímos nuestras creencias y nuestros patrones de comportamiento.

 

¿Construímos nuestra identidad desde el útero materno?

 

Sí, existen estudios (puedes leer uno aquí) en los que se habla de cómo el vínculo entre madre y bebé empiezan a construirse desde el útero. La teoría del apego de Bowlby explica que este vínculo va a ser determinante en la construcción de la personalidad, del aprendizaje y por tanto de los patrones de comportamiento.

Por tanto, las figuras de apego principales somos las principales performadoras de la personalidad, aunque no las únicas. Seguro que has escuchado el famoso proverbio africano: “Hace falta una tribu entera para criar a un niño”.

El sentido de esta frase es bastante literal, en el sentido de que, por mucho que hagamos dentro de la familia, por mucho que cuidemos, que eduquemos, que criemos, el resto de la sociedad va a hacer su papel en la regulación del comportamiento de tus peques. Queramos o no.

En el vídeo hablo de cómo se validan socialmente las conductas y comportamientos aceptables o inaceptables. Y no siempre se validan las positivas, de la misma forma que no siempre se anulan las negativas. Y además sucede, que a veces pensamos que estamos reforzando una conducta positiva cuando en realidad estamos haciendo lo contrario.

Existen miles de ejemplos en nuestro día a día. Desde esa madre desesperada que piensa que está enseñando a su bebé a dormir en su cuna, cuando en realidad lo que está reforzando es que su bebé esté siempre enganchado a la teta. Hasta ese padre que grita a su hijo desde la grada para que corra más… Y lo que está reforzando es la vergüenza del niño que ya de por sí es tímido.

 

¿Por qué es importante saber cómo se validan las conductas?

 

Porque es una manera muy eficaz de revisar nuestras propias conductas. Y es que hay muchos comportamientos tóxicos que hemos integrado con los años. Y que además, suelen conectarnos mucho cuando los vemos en otras personas, y en nuestras hijas más. Algunos hasta se han convertido en patrones de comportamiento y son difíciles de desmontar.

Son estos patrones los que generan en nosotras creencias limitantes, momentos de gran frustración y conflictos difíciles de superar en nuestro día a día. El sufrimiento suele tener raíces profundas que nos cuesta detectar y al llegar a la maternidad (o paternidad) nos topamos de frente con él. Precisamente porque podemos con nuestro sufrimiento pero con el de nuestros hijos e hijas ya no tanto.

Mis peques y yo en el bosque

Es por eso que muchas madres nos hemos vuelto expertas en mirar hacia adentro. En darnos cuenta de que para enseñar determinadas habilidades primero hay que vivirlas en nuestra propia carne. En que las emociones si no transitan, se enquistan, se pudren, nos envenenan. O peor, nos transforman en personas amargadas, frustradas y llenas de miedos.

Por eso, me gusta tanto mi trabajo, porque desde la prevención se evitan muchos males mayores, se esquivan dramas, se puede trabajar en una vida saludable más allá de la alimentación y el deporte. Que son muy necesarios, sí. Pero ni son lo único, ni lo más importante. 

Hoy traigo pocas citas, pocos estudios científicos pero es que la reflexión es grande: ¿En qué te ha convertido el sentido de pertenencia? ¿Qué miedos son tuyos y qué miedos heredaste? ¿Qué conductas quieres cambiar y no eres capaz? ¿Cómo te imaginas en el futuro y qué vas a cambiar para lograrlo?