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Hace unos días recibíamos la noticia de la muerte de Verónica Forqué tras la emisión de la sexta edición Master Chef Celebrity en la que ella participó hasta que ella misma decidió abandonar por agotamiento. Hay que tener en cuenta que en el mundillo audiovisual desde que se graba hasta que se emite pasan varios meses. Todo el equipo que participa en la grabación vive una experiencia de la cual, no sabe qué se va a reflejar en la pantalla una vez se haga el montaje final.

Es muy diferente el día a día durante un rodaje a lo que finalmente podemos ver en el producto final, y no hablo únicamente de tomas falsas. Estamos hablando de una suerte de concurso-reality en el que durante varias semanas se establecen unos días de rodaje durante los que se ejecutan las pruebas de cocinado y luego en la sala de montaje se reducen todas esas horas a unos escasos 30 minutos que finalmente se convierten en 3 horas de programa semanal durante 3 meses.

Dicho esto, debemos tener en cuenta cuál es el propósito de las personas famosas que acuden a un «reality» como Master Chef, dado que la mayoría no van a reconvertir sus carreras, ni se van a dedicar al mundo de la cocina. Algunas, evidentemente lo hacen por un salario pero otras lo hacen por relanzar sus carreras o engordar sus seguidores en redes sociales. No alcanzo a comprender porqué una actriz como ella decidió participar en un programa así. Pero tomó esa decisión.

Algo que he de decir que me llamó mucho la atención porque es una actriz que siempre ha trabajado muchísimo. Nunca le ha faltado trabajo ni el cariño de la gente. Eso me hace pensar en ¿cómo estaba ella?

A mí los programas concurso como Master Chef no me entusiasman especialmente. Aunque me gustan los retos y desafíos que plantean, no me acaba de gustar la exposición brutal de la vida privada, mental, psicológica y emocional que tienen que soportar las personas participantes.

Aún así, quise ver esta famosa sexta edición para poder ver a Verónica e intentar comprender un poco mejor lo sucedido, más que nada porque siempre intento documentarme lo máximo posible para poder escribir algo con sentido.

 

Verónica sufría depresión.

 

Esto es un hecho constatable que ella misma comentó en varias ocasiones. Algo que a la hora de firmar un contrato laboral, sea del tipo que sea, nadie puede saber, excepto quien la padece.

Verónica supo decir: Hasta aquí. Y dejó el programa en las puertas de la semifinal.

Supo ver que el estrés que sufría en las pruebas le resultaba tóxico.

Tuvo seguramente muchos momentos de lucidez mental en los que se planteó dejarlo. De eso estoy segura. Sin embargo, ella que siempre demostró estar enteramente comprometida con su trabajo, tardó mucho en llevarla a cabo (tampoco sabemos las clausulas de su contrato laboral), seguro que muchas veces se encontró en situaciones similares y como era una mujer fuerte, logró sacar adelante esos proyectos.

A Verónica lo que más le afectaba dentro del programa eran las pruebas por equipos. Para una mujer comprometida, sentirse el eslabón más débil debía ser muy duro. Estoy segura de que ella necesitaba ganar esas pruebas por los demás, no por ella. Y es precisamente en esas pruebas en donde se la vé perdida. Superada. En las últimas diría que hasta ida.

No me quiero ni imaginar lo duro que puede ser verte a ti misma así.

Verte ser la mala. La loca. La inútil. La bruja. La insoportable.

No son adjetivos míos. Los he sacado todos de las redes sociales del programa, de los comentarios de los espectadores y espectadoras.

Hay que estar muy fuerte emocionalmente para soportar comentarios así. Mucho.

Y es precisamente ahí en donde creo que a Verónica la vida se le hizo bola, cuando se sintió sola y rechazada. Cuando los contras ganaron a los pros. Cuando se rompió y ya no pudo recomponerse.

Verónica es el claro ejemplo de que la sonrisa exterior no refleja el sufrimiento interno. Demuestra que la depresión es invisible a los ojos de la gente que te rodea.

Y es además, terriblemente traicionera. La depresión a veces, no te deja levantar cabeza, no te deja recomponerte, no te deja respirar, y lo hace de tal manera que no llega con pedir ayuda. A veces necesitas una mano que te saque del pozo.

Por eso tenemos que hablar más de salud mental. Y de depresión. Y de ansiedad. Y de conductas disruptivas.

Tenemos que aprender a ver más allá de lo obvio. Tenemos que reconocer los síntomas (Abandono de actividades de ocio o tareas rutinarias, menos ganas de estar con familia y amigos, menos apetito, insomnio o exces de somnolencia, tristeza constante, insatisfacción vital, pensamientos negativos constantes, irritabilidad, cansancio extremo, odio hacia una misma, ideas de suicidio). Tenemos que hacernos responsables de la salud de las personas que nos rodean. Porque su salud es nuestra salud. Ver a una persona agradable y simpática hacer cosas crueles y fuera de lugar debería ser suficiente señal de que esa persona necesita una mano.

 

Verónica quería un mundo más amable. Y yo también.

Verónica quería un mundo menos hostil. Y yo también.

Intentemos ser más amables y haremos del mundo un lugar mejor para vivir.