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Vamos a analizar cómo va a ser la vuelta al cole en septiembre de 2020 en España. Sin duda el mayor reto que hemos vivido en este país a nivel educativo en mucho tiempo; ya que es complicado garantizar dos de los derechos más fundamentales de la infancia: el derecho a la educación y el derecho a la salud.

Y es que si ponemos en una balanza ambos derechos es difícil elegir. Entre otras cosas porque dependiendo de la pregunta algunas personas dirán que en esta balanza hay muchas otras cosas:

  • Conciliación laboral o salud de la población: de pronto, parece que somos conscientes de que la escuela cumple una función de conciliación importante. pero no solo la jornada lectiva: también los servicios de madrugadores, comedor escolar y actividades extraescolares.
  • Salud de la infancia o salud de la infancia: en medio de esta pandemia está claro que es necesario proteger la salud de todas las personas frente al virus pero también la salud que aporta socializarse, establecer lazos de confianza y amistad forma parte de nuestra salud mental.
  • Educación presencial o educación en casa: la sobrecarga que se han llevado muchas familias durante el confinamiento plantea que la educación en casa es inviable para unas familias y la panacea para otras. Se está hablando de legalizar el homeschooling como opción para que algunas familias puedan adherirse a esta modalidad y así aliviar la ratio que existe en los centros escolares.

Lo que ha quedado claro es que nuestro sistema educativo era un barco que iba a la deriva desde hace décadas (por no decir siglos) y que esta pandemia ha sido como el iceberg para el Titanic. No es una cuestión de que las clases online puedan o no puedan sustituir a las clases presenciales. Es que hemos podido vivir desde cada casa como es imposible mantener la atención de 25 niños y niñas a través de la pantalla (si es que la había) con la metodología habitual. La educación online requiere o bien mucha creatividad por parte del docente o bien mucho autocontrol por parte del discente.

No vuelta al cole  ¿Qué harás si tus peques no vuelven al cole en Septiembre?

Esto mismo pregunté ayer en mis redes sociales porque es algo que realmente nos preocupa a las familias que tenemos hijos o hijas en edad de escolarización (sobretodo obligatoria). Para nosotras supone todo un reto saber cómo nos vamos a organizar, no es una cuestión sencilla, ni mucho menos.

Es más, algunas familias (por no decir muchas) tenemos familiares de alto riesgo, tenemos quizás más flexibilidad laboral (o no) pero nos pesa más en la balanza garantizar la salud frente al virus que cualquier otra necesidad esencial o derecho fundamental.

Y en esta pregunta vemos una respuesta de alivio, de poder asumir los riesgos justos, de poder organizarnos de manera individual, de seguridad.

Otras familias, sin embargo, temblamos ante la posibilidad de que en Septiembre no haya una vuelta al cole, aunque sea parcial. Y no es que seamos familias que nos preocupemos menos por nuestras hijas e hijos, no. Es que somos familias que tal vez no tengamos posibilidad de conciliar de otra manera, que tal vez estamos preocupadas por la salud afectiva, emocional y psicológica de unas niñas y niños que están deseando volver a jugar con sus amistades, que necesitan afecto más allá del de sus familiares.

Por eso, ante esta pregunta nos imaginamos con terror, tener que conciliar una triple jornada laboral que implique trabajo, tareas escolares y hogar. Y aquí, se nos cae el mundo encima porque ponemos en juego la salud mental de toda la familia.

 ¿Qué harás si tus peques vuelven al cole en Septiembre?

Vuelta al cole sí 2020

Aquí nos volvemos a encontrar con las mismas incertidumbres y dudas. Sin embargo, las familias que no queremos una vuelta escolar tenemos algunas herramientas que en el caso anterior no podemos contemplar. Como por ejemplo:

  • Organizarse mediante asociaciones (como AMPAS y AFAS): para exigir medidas de seguridad,        medidas de conciliación, medidas de flexibilidad. Y organizar escritos comunes, recogidas de firmas, campañas de visibilidad, etc.
  • Reclamar de manera individual: escribir tanto al centro educativo como a inspección educativa o al defensor del menor, explicando las circunstancias familiares y exigiendo medidas de seguridad, de flexibilidad o de conciliación. Eso sí con menor eficacia y visibilidad seguramente.
  • Aprovechar los vacíos legales: ante esta situación es más que probable que ante una febrícula, tos o catarro sea sencillo mantener a nuestros peques en casa. Hacer una especie de semiconfinamiento.

En cualquier caso, parece que esta opción nos ofrece mayor flexibilidad a todas las familias. Lo increíble de esta situación es que la administración pública no esté tomando medidas palpables, medibles, objetivas, implementables, etc. ¿Tan poco les importa la infancia? ¿Tan grande es su nivel de incompetencia?

¿Qué van a hacer las administraciones públicas al respecto?

Las administraciones pueden simplemente tirar palante o bien organizarse mínimamente. Siempre he dicho que los problemas más grandes de nuestro sistema educativo son: la falta de resiliencia y la mala gestión de los recursos. Como se está viendo actualmente. Ojalá de esta pandemia aprendamos al menos que hacinarnos en espacios reducidos es perjudicial para el ser humano.

Toca hacer otro tipo de políticas. Los macro centros escolares deberían desaparecer. Cuanto más grande es el centro más deshumanizado está, más inseguro es. Pongamos la vida en el centro. Hagamos centros escolares más pequeños: de barrio, de aldea. Pongamos un máximo y optimicemos los recursos.

Y por favor, pido encarecidamente a todas las administraciones públicas que dejen de hacer amenazas, y menos si son inconsistentes. Si nos van a tratar con paternalismo, como mínimo háganlo con consistencia. Nadie se cree que vayan a expedientar a miles de familias por absentismo escolar en medio de una pandemia mundial: nadie.

Vamos a darle prioridad a las enseñanzas realmente significativas: el juego y la socialización. Todo lo demás se puede aprender a través de estas dos poderosas herramientas. No es una cuestión de metodologías, de materias, de horarios, de lugares. No. Es mucho más profundo se trata de tener claros los objetivos, las metas, las realidades y optimizar los recursos que tenemos para dar a la infancia y adolescencia un espacio seguro para el aprendizaje.

Así de simple y así de complejo. Más juego, menos asiento. Más comunicación, menos silencio. Más aire libre, menos encierro. Más integración en el entorno, menos casillitas. Más empatía y menos bullying. Pero para esto hay que salir de la caja decimonónica en la que llevamos metidas desde… ¿1800?

Si se trata de igualdad de oportunidades. Si se trata de hacer trabajar las mentes. Si se trata de favorecer el desarrollo infanto-juvenil entonces la administración tiene que ponerse las pilas: invertir en formación del profesorado, adaptación de los espacios, fomentar la cooperación y abrir los muros.

Y es que los números hablan por si mismos. He tomado los números reales de un colegio con fama de ser de los mejores de mi zona. Posee 3 líneas educativas por curso. Abarca de infantil (3 cursos) a primaria (6 cursos) a 25 niñas o niños por aula tendríamos un total de: 525 niñas y niños. Tiene un claustro de 30 maestras y maestros y además 4 profesionales en el departamento de orientación, 3 en apoyo infantil, 2 en atención domiciliaria, una de apoyo TIC y una auxiliar de conversación. Si no atendemos a las especializaciones podríamos hacer grupos clase de 17 niñas y niños con 10 profesionales de apoyo. Eso sin gastar un céntimo.

Lo que necesita revisión es el plan educativo de contenidos, de competencias, de convivencia educativa. ¿Qué es lo que queremos (necesitamos) que aprendan niños y niñas en la escuela?

Esa es la pregunta que necesitamos responder. Y actuar en consecuencia.

¿Cómo preparamos a la infancia para el futuro? ¿Qué habilidades y conocimientos deben desarrollar?

¿Vamos a aprovechar la oportunidad o vamos a seguir resistiendonos al cambio que necesitamos desde hace 200 años (por no decir 300)?

Porque si algo tengo claro es que esta situación la podemos ver como un obstáculo o como una oportunidad. Y no vamos a tener el mismo resultado.

Tengamos un plan definido y seamos consecuentes. La excelencia es posible.

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